Irlanda y la Mitología Celta Gaélica.

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Si vas a viajar a Irlanda tienes que conocer la mitología celta gaélica y las historias que se cuentan sobre los primeros habitantes de la Isla.

¿Quiénes fueron los primero habitantes de Irlanda? ¿Qué guerras y alianzas sucedieron en los primeros años? 

En la historia mitológica irlandesa encontramos criaturas de todo tipo: nietas de Noe, seres del mar, hombres lobos, hadas que van conquistando y luchando entre sí por los territorios irlandeses. Nos lo cuenta en este post el Dr R. A. Bartolomé.

La historia mitológica de Irlanda.

Los primeros pobladores de Irlanda, la Isla Verde

Uno de los más curiosos temas en la mitología gaélica es la descripción de los primeros habitantes de la isla que precedieron a los irlandeses en ella. Varias razas y pueblos se suceden en la conquista de Irlanda hasta la toma de posesión por los actuales gaélicos.

Cessair, la mujer que descubrió Irlanda

En el Leabhar Ghabhala o libro de las invasiones se relata que la primera en poner el pie en la isla fue Cessair, nieta de Noé. Esta, al no poder viajar en el arca de su abuelo, decide construir su propio barco al oriente del mar Caspio y embarcarse rumbo a Irlanda, con la idea de que el diluvio no alcanzaría tierra tan remota. Acompañada por tres hombres: su padre, su marido y el timonel del barco, y de cincuenta mujeres, alcanzan la remota isla cuarenta días antes del diluvio. Por ello, aún hoy, isla de Cessair es el nombre poético de irlanda. Pero dos hombres mueren por exceso de lujuria, y el marido de Cessair, Fintan, desaparece para evitar el mismo destino. Cessair muere entonces con el corazón roto. Finalmente el diluvio ahoga al resto de las mujeres.

Partholon, padre de la agricultura y la cerveza en Irlanda

Cientos de años después llegan Partholon (“espíritu de la cosecha”) y sus compañeros. Príncipe de una polis griega en Sicilia, Partholon es acusado de matar a sus padres, los reyes y por eso es obligado a huir con sus seguidores. Tras un largo periplo, llegan a Irlanda, donde desarrollaron la agricultura, la ganadería y el comercio, construyendo el primer molino  y otras edificaciones y elaborando por vez primera cerveza en la isla.

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Phoenix Park – Dublín (Víctor Vélez)

Los fomorianos surgidos del mar llegan a la isla verde

Sin embargo, los nuevos colonos tuvieron que defender su territorio contra los terribles Fomoraigh (“los de bajo el mar”) o fomorianos, que vivían en barcos y consumían sólo pescados y aves. Estos seres tenían sólo un ojo, un brazo y una pierna, eran de gigante estatura y sus rostros tenían rasgos equinos o caprinos.  Los descendientes de Partholon resultaron victoriosos y vivieron en armonía en Irlanda durante más de doscientos años hasta que una terrible plaga acaba con todos ellos.

Los nemedianos se enfrentan a los fomorianos

Unos años más tarde, zarpan treinta y cuatro barcos en Escitia capitaneados por Neimhedh (”sagrado”), llegando a un banco de arena entre los mares donde se hallaba una torre de oro, la codicia de los escitas se desata y desembarcan para apoderarse del oro, pero al subir la marea casi todos mueren ahogados salvo los pocos que Neimhedh y sus hijos consiguen rescatar.

Tras un año errando por los mares y con un contingente muy mermado el clan de Neimhedh atraca en Irlanda. Pero los piratas fomorianos vuelven a la isla obligándolos a defender sus nuevas posesiones con su escaso número. Neimhedh dirige la construcción de unos fortines y lo propio hacen los fomorianos. En tres batallas se enfrentaron por el dominio de Irlanda y en las tres venció el clan de Neimhedh, pero sufrieron tantas pérdidas, incluidas las de sus líderes, que eventualmente los fomorianos establecieron su soberanía, oprimiendo a los nemedianos con costosísimos tributos. Dos tercios de su comida y sus hijos debían ser entregados cada año en el baluarte fomoriano. Tras largos años, los nemedianos se cargaron de ira y se decidieron a rebelarse ante tal injusticia y tras una terrible lucha salieron victoriosos, pero sólo treinta hombres sobrevivieron. Apesadumbrados por la terrible matanza que habían sufrido y los años de opresión decidieron zarpar a la mar y abandonar Irlanda.

La llegada de los Fir Bolg

Durante doscientos años la isla estuvo deshabitada hasta que los Fir Bolg se establecieron en ella. Los Fir Bolg (“hombres del saco” o “belgas”) eran descendientes de los nemedianos establecidos en Grecia. Pero allí los griegos les sometieron a esclavitud usándolos para el acarreo de pesados sacos. Un día, hartados de tal trato fabricaron canoas con las pieles de los sacos y se hicieron a la mar. Los Fir Bolg eligieron por primera vez a un rey en Irlanda para gobernarlos a todos. Algunos de los Fir Bolg tenían la capacidad de convertirse en hombres lobo.

La conquista de Irlanda por el pueblo de las hadas

Sin embargo, tras sólo cuarenta años de su llegada, unos nuevos invasores llegaron a las costas de la verde isla: los Tuatha Dé Danann (“el pueblo del dios Danan”). Estos nuevos habitantes eran también descendientes de los nemedianos refugiados en Grecia, pero en búsqueda de sabiduría viajaron a diversas tierras aprendiendo en cada ciudad de los mejores hombres que encontraron. Finalmente decidieron embarcarse hacia Irlanda para reclamar la herencia de sus antepasados.

Los Tuatha Dé Danann excedían en artes, magia y sabiduría a todos los pueblos, y poseían cuatro tesoros de gran poder: la piedra del destino, que lanza un grito cuando se sitúa bajo un rey legítimo; la espada de Nuadu, de la que nadie escapa; la lanza de la victoria, y el caldero de Dagda, capaz de dejar satisfecho a cuantos se acerquen. Al llegar a Irlanda, vencieron a los Fir Bolg en batalla a pesar de que estos les excedían grandemente en número, ganándoles con sus artes mágicas mediante una espesa niebla que cubrió el sol durante tres días.

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Islas Aran – Dublín

Lugh, en ayuda de los Tuatha Dé Danann

Pero su dominio fue pronto puesto en entredicho, pues los fomorianos formaron un formidable ejército. En vísperas de la batalla, un enigmático individuo llamado Lugh el del largo brazo, llega a la capital del rey de los Tuatha Dé Danann. Afirma ser un excelente artesano, pero el guardián no le permite acceder a la corte dado que ya tienen un artesano real, cerrándole la puerta. Entonces vuelve a llamar al portón aseverando que también es un sublime herrero, pero su entrada es denegada por la misma razón. En sucesivas llamadas Lugh se revela como guerrero, arpista, poeta, historiador, mago, médico y orfebre. Ante todas las negativas Lugh pregunta finalmente si tienen algún hombre capaz de realizar todas estas artes y entonces es admitido en la corte.

Nuadu, el rey de los Tuatha Dé Danann, ve entonces en Lugh la posibilidad de vencer a los fomorianos. El ejército de los fomorianos se presenta entonces frente a los Tuatha Dé Danann capitaneado por el terrible Balor, cuyo ojo era capaz de matar con la mirada, por lo cual siempre lo llevaba cerrado salvo en batalla. Pero mientras lo estaba abriendo con el ánimo de matar a los Tuatha Dé Dannann, Lugh le lanza una piedra con una honda con tanta potencia que le saca el ojo de la cabeza y cae apuntando al propio ejército de los fomoreanos matando a varios de sus hombres, mientras el resto huyen derrotados.

El rey de los Tuatha Dé Danann nombra a Lugh heredero al trono otorgándole la lanza de la victoria que se llamaría desde entonces lanza de Lugh. Se revela entonces el origen de Lugh como el nieto de Balor, al que se había profetizado que un nieto suyo lo mataría. Por ello Balor decide matar al vástago de su propia hija cuando supo que estaba encinta. Pero da a luz a trillizos y consigue esconder a uno de la furia homicida de su padre. Su madre entonces le cría en secreto con el empeño de que vengue a sus hermanos.

La conquista final: los irlandeses

Los últimos en llegar a Irlanda fueron los descendientes de Fenius, bisnieto de Noé. Este fue el primero en aprender todas las lenguas tras la torre de Babel; casó con la hija de un faraón llamada Scota, y tuvieron un hijo llamado Ghaedhel, por lo cual los irlandeses son llamados fenios, escotos o gaélicos. Durante cientos de años vagaron por el Mediterráneo hasta asentarse en España en el reino de Brigantia, llamado así por Breoghan (“alto”), hijo del rey que lo fundó y constructor de una alta torre.

El nieto de Breoghan fue llamado Míl (“soldado”), este tras muchos viajes donde alcanzó mucha fama y fortuna fue elegido rey de Brigantia. Un día, su hermano, subido en la torre, creo divisar una isla y decidió embarcarse hacia ella para descubrirla. Cuando llegó a Irlanda, los Tuatha Dé Danann temiendo que quisiera volver con un ejército y apoderarse de la isla lo mataron. Sin embargo, la noticia llegó a los hijos de Mil, los cuales llenos de rabia decidieron embarcarse para vengar a su tío.

Los Tuatha Dé Danann desencadenan entonces una tormenta para empujar los barcos al centro del océano, pero Amairgin, uno de los hijos de Mil, y experto en druidismo cantó un poema mágico amansando las aguas y desembarcando por fin. Enfrentándose en dos batallas contra los Tuatha Dé Danann, el pueblo de Mil, o milesios como luego se les conocería, salió victorioso repartiéndose la isla entre sus principales caudillos. Los supervivientes de entre los Tuatha Dé Danann se escondieron bajo los túmulos y colinas, donde aún hoy habitan aunque ahora se les conoce como Áes Sídhe (“gente inmortal”) o pueblo de las hadas.

Fintan, testigo de la historia de Irlanda

Muchos de los habitantes primitivos de Irlanda desaparecieron sin dejar descendientes, luego ¿cómo todas estas invasiones han quedado registradas para la posteridad? Fintan (“el anciano blanco”), marido de Cessair, la primera mujer en pisar Irlanda desapareció en un río donde se convirtió en salmón, salvándose del diluvio. Muchos años más tarde se convirtió en águila viviendo durante largos años en esta forma, mutando una vez más en halcón, hasta que 5500 años después recuperó su forma humana habiendo sido testigo de toda la historia de Irlanda.

Artículo de Rubén A. Bartolomé.

Referencias bibliográficas:
Ghabhala, L. (1988). El libro de las invasiones. Akal.
Mackillop, J. (1989). Celtic Mythology. Oxford.
Sainero, R. (2009). Los orígenes celtas del Reino de Brigantia. Abada.


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